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Una burra y su cría, unas cuantas ramas que hacían de
palmos; algarabía, devoción y entusiasmo brotaba de los corazones de la
gente de nuestra parroquia de Santa María, que se había agolpado en un
parque donde íbamos a Con liturgias especiales, llenas de simbolismo, con espacios apropiados que invitaban al sacramento de la reconciliación, nos adentramos en la reflexión personal y comunitaria de este maravilloso misterio de salvación. El jueves santo nuestros formadores ‘lavaron" los pies a todos los pre-novicios, ayudados por los hermanos profesos, en un gesto de servicio y amor fraterno. Gesto que va más allá del simple lavado corporal, que implica purificación espiritual y preparación para, desde hoy y para siempre, nosotros hacer lo propio con nuestro prójimo. En las parroquias, con liturgias creativas, y apropiadas se hizo lo mismo, haciendo sentir a la gente parte activa de la celebración. El viernes santo, los grupos litúrgicos partimos cada cual a su zona de trabajo, el momento había llegado. El vía crucis pasó del sentir a la vida, en tanto "recordábamos", con las lecturas bíblicas, el dolor que nuestro salvador sintió por causa nuestra. La veneración de la cruz atrajo mucha gente a la reconciliación con Dios y el prójimo llevándoles a la comunión cristiana. Ya, pues, estábamos en el trecho final y más grande
en significado de estas celebraciones cristianas y, aunque cansados por
el ajetreo, la respuesta de la gente nos estimulaba y reconfortaba:
llegamos al sábado de gloria. Ahora, en afán de hacer vivo el plan de
salvac Culminamos participando todos del banquete que el Señor resucitado nos ofrecía aquella gloriosa noche y estimulados a salir de ahí a anunciar con palabras y vida el milagro de amor del cual habíamos sido testigos.
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