|
Ver Fotos de la Primera Misa de
Juan Carlos
Misa de Ordenación
Ver Fotos de la Ordenación
Primera Misas:
Juan Carlos
Hugo
Alberto |
PRIMERA MISA DEL P. JUAN C ARLOS OLAYA
Las campanas
del templo de Morropon suenan, la gente llega desde los cuatro ángulos de la
plaza que está al frente del templo: varones y mujeres de diferente edad, color
y condición social. Una anciana se aproxima a la puerta del templo, hace con sus
manos temblorosas la señal de la cruz, dos veces. En seguida pronuncia:
virgencita del carmen. Las bancas del templo
ya están casi llenas, pero las manisillas del reloj dice que falta aún 15 minutos para las 7:30 de la noche. El
coro desde el alto del balcón que esta ubicado encima de la puerta principal de
la entrada del templo, sigue ensayando: “vivamos siempreeee en unidaddd…”. La
anciana busca un asiento, logra encontrar, por que un joven cedió su asiento
amablemente como signo de educación. El templo ya está lleno, ya no hay
espacios, y comienza la ceremonia…
En la vida hay momentos, y episodios inolvidables, e irrepetibles que se dan,
solamente el que ha vivido, y presenciado puede recordar y contar a aquellos que
no tuvieron la oportunidad de presenciarlo. Tal es el caso, del P.Juan Carlos
Olaya, de la orden san agustín, su primera misa en el templo de morropon, su
pueblo natal, el día cinco de mayo de 2007
en la noche, horas 7:30, ha sido un
momento de alegría, y de jubilo para él, para su familia, y para el pueblo de morropom. Un acto inolvidable seguramente quedará inscrito en la momería de los
morropenses. Ahora la semilla que han sembrado con sacrificio y dedicación en la
persona de P. Juan C. llegó a su tiempo de cosechar y disfrutar el fruto recién
caído del árbol del cielo, ahora gozaran de su compañía, y guía espiritual más
cerca de ellos…
La ceremonia presidió él mismo, acompañado por los agustinos del vicariato de
Chulucanas, algunos invitados, como el superior de los
agustinos de Bolivia, y los profesos, y filósofos de Trujillo. ¡Buenas noches
pueblo de morroponnn! Fueron sus primeras palabras en el altar del señor apenas
que terminó de cantar el coro, en respuesta, el sonido del mover de las bancas,
las palmas, algunos grititos se apodó el templo, y todos estaban bien
emocionados al ver al padrecito y escuchar sus palabras - en seguida- ¡aplausos
por favor par mi vicario, en la persona de P. Juan lydon!, ¡para el padre
formador de Bolivia!, para mis familias, para mis hermanos de Trujillo!!!...
entre jubilo, algarabía, y al ritmo del tondero se proseguió la celebración
eucarística.
En su homilía, el padre recalcó, la importante de la perseverancia, el apoyo de
sus padres, amigos, y compañeros del estudio, así mismo, la actitud de entrar en
sintonía con el señor, de hacerse conducir, y llevarse hacia “…fuentes
tranquilas de aguas… recibir fuerzas y dejarse lleva por caminos rectos…”, tal
como dice el salmo 23. Reconoce que la vocación al sacerdocio es maravillosa en
cuanto que es uno de los sacramentos a través del cual uno puede entregar su
vida de manera plena al servicio de Dios por medio de sus hermanos; pero también
es costoso y requiere mucho sacrificio y dedicación. Remonta su proceso de su
llamada vocacional a su inicio, según la que cuenta él. En su inicio, dice: que
no ha sido tan fácil, ha podido pasar muchas peripecias, y prohíbas, desde saber
a trabajar en la chacra, de dar alimentos a los animales, y convivir con
hermanos desconocidos en centro pre-vocacional Santo Domingo, en Trujillo, y en
Bolivia. Hasta en una oportunidad se decidió renunciarlo, pero el señor se valía
de las personas para empujar y animar para que llegase a concretar a tal
propuesta del señor que había ofrecido, pastorear sus ovejas. Cuenta una
anécdota, dice, en una oportunidad en las vacaciones del medio año ya no quería
retornar al centro de formación, pero el P. Jesús Guzmán, como obligándose había
sacado de su casa. Así
mencionó muchas anécdotas. Terminó su reflexión
agradeciendo a todo el pueblo, y a sus conocidos, y pediendo también para que
apoyase con sus oraciones. Aprovechó también ese momento para agradecerle a la
Virgen del
Carmen, y se encomendó su vida a su cuidado, y a su protección
durante su ministerio sacerdotal.
Terminado la celebración, todos sus invitados y familiares fueron a pasar un
momento de diversión y compartir al “club de la fraternidad”. Así llegó a su fin
la ceremonia, entre bailes, vinos, cervezas, y bocaditos hasta que raye la
aurora.
Julio Ttito, OSA
|