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Alberto
Misa de Ordenación
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Primera Misas:
Juan Carlos
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Alberto |
La primera
misa de Alberto Saavedra, OSA
Hablar de nuestro hermano
Alberto es, de por sí, una gran alegría. Pero decir algo sobre su primera misa
nos llena de satisfacción. Los motivos saltan a la vista para quienes lo
conocemos y gozamos de su trato amical y fraterno y sabemos con cuanta entrega
ha asumido su compromiso cristiano desde su respuesta al Dios de la vida en
nuestra Orden.
En efecto, Alberto ha sabido ser un fraile -ahora también sacerdote- sencillo,
para todos y con todos, tanto en la comunidades que le ha tocado
compartir
su vida y experiencia de fe, como en las parroquias donde ha realizado su
trabajo pastoral. En los caseríos de Cabuyal y Ñoma donde
nació, creció he hizo sus primeros estudios, el cariño y el orgullo sano de su
gente al ver a uno de sus hijos presidir la santa Eucaristía, producto de la fe
que ellos mismos le enseñaron e infundieron desde niño, es la manifestación
clara y la prueba concreta de lo que digo.
Familiares, amigos, fieles y toda la gente que conoce a nuestro hermano se había
reunido en la capilla de Cabuyal. Todos estaban felices de compartir con él su
alegría y de celebrar, junto a él, la Acción de Gracias a Dios por su vida y su
vocación. La capilla rebosaba de gente, pero más de contento, fe y gratitud.
La
Eucaristía estuvo llena sentimiento, agradecimientos, emoción y chistes por
parte de Alberto. No es de extrañar en él, pues nunca deja de estar alegre.
Concelebraron a su lado de Trujillo: los padres Juan Lydon y Benjamín García; de
Morropón, padre Fidel Alvarado; de Chulucanas, padre Hugo Erazo, con quien
recibió las sagradas órdenes el 5 de mayo; de Pacaipampa, los padres Ramiro
Castillo y Juan Seminario. También estuvieron los padres diocesanos Dolores
Castillo, párroco de la parroquia San Fernando de Chalaco, donde pertenece el
caserío de Cabuyal, el P. Gilberto y otros hermanos trabajando en dicha parroquia.
Hubo un pequeño programa artístico en honor al “padre Alberto”, lo mismo que
regalos, muestras de cariño y deseos de muchas bendiciones en su vida y
ministerio. El baile, propio en estos acontecimientos, no podía faltar. Todo
estuvo muy bien preparado. Desde la caminata con banda incluida, arcos de
flores, cuetes y cánticos religiosos, que partió
desde
la casa de Alberto con dirección a la capilla, hasta el compartir del pan
material. Nada, ni un detalle pasó por alto.
Alberto, “padre Alberto”, estoy seguro que estas muestras de cariño son el fruto
de tu sencillez, carisma y don de gentes; de tu vida, vocación y entrega al
Señor. Desde la casa de formación de Trujillo hacemos votos y oraciones para que
lo que Dios sembró y he hizo germinar en ti, crezca con el amor comunitario de
los hermanos, y llegue a dar fruto abundante en tu ministerio de servicio.
Pascual Córdova
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